Los Muertos no mueren

La muerte es un rumor, en consecuencia los muertos no mueren, incluidos los hermanos ateos materialistas. Disminuir la importancia de este hecho, que alcanza de forma inexorable a los seres humanos, sería negar la realidad. Usted no está obligado a creer en la sobrevivencia de los Espíritus, ni que puedan dirigirse a las criaturas terrestres, con el Permiso Divino. Sin embargo, su incredulidad no significa que ellos no existan o estén condenados al mutismo.

Dije Jesús, en Su Evangelio, según San Marcos, 12:27: “Dios es Dios de vivos, no de muertos. Por no creer en ello, os equivocáis mucho”.

Tela: José de Ribera (1591-1652)

La resurrección de Lázaro

Esta afirmación —los muertos no mueren—, que involucra a toda la Humanidad, la hice colocar en los umbrales de la entrada de la Sala Egipcia del Templo de la Buena Voluntad (TBV), el monumento más visitado de la capital de Brasil, de acuerdo con la Secretaría de Estado de Turismo del Distrito Federal (SETUR-DF).

Vivian R. Ferreira
Arquivo BV

Ralph Chaplin

Conservemos un recuerdo claro de los que partieron, como lo aconseja Ralph Chaplin (1887-1961): “No lamente a los muertos... Lamente a la multitud, la multitud apática, los cobardes y sumisos, que ven la gran angustia y las iniquidades del mundo sin atreverse a hablar”.

Los muertos, hoy, somos nosotros mañana. Condenándolos a la “desaparición”, por nuestra incredulidad o miedo de enfrentar la Verdad, podremos “decretar” el mismo destino para todas las personas, atrasando su evolución, hasta que, con un mayor esfuerzo, se descubra que el gran equívoco de la Humanidad sea creer todavía que la muerte es el fin de todo.

Arquivo BV

Alziro Zarur

Razón por la que les traigo, de Alziro Zarur (1914-1979), el ilustrativo y confortante Poema del Inmortal:

Arquivo BV

“Dos de noviembre es un día, en verdad,/ rico en lecciones para quien sabe ver:/ La más grande ilusión es la realidad,/ ya enseñaba el excelente Paul Gibier.

“Los vivos (seudovivos) llevan flores/ y lágrimas a los muertos (seudomuertos);/ “y los muertos se conmueven ante los dolores/ de los vivos que siguen caminos sinuosos.

“Legítimos difuntos, en la ignorancia/ de esos espirituales, importantes asuntos/ parece que aún están en plena infancia,/ y van a homenajear a falsos difuntos.

“No es necesario ser muy sagaz/ para entender que la vida tiene sus puertos:/ Un día, El Cristo dijo a un buen muchacho/ ‘Que los muertos entierren a sus muertos’.

“Amigos, por favor, no supongáis/ que la muerte sea el fin de nuestra vida;/ la vida continúa, no subyugada/ a los círculos de los caminos celestiales.

“Los muertos no están ahí, cautivos/ en las tumbas que tenéis ante vosotros:/ Los fallecidos, ahora, son los vivos;/ fallecidos, más o menos, somos nosotros”.

La muerte no interrumpe la Vida. En la Tierra o en el Cielo de la Tierra, persistimos en abrir el camino de la existencia eterna.

Pero una aclaración se hace necesaria: esa conciencia de Eternidad jamás puede ser vista como justificación al suicidio, que es una ofensa al Creador y a la propia criatura.

A los que no creen: concédanse el científicamente consagrado derecho a la duda. Y si la vida no acaba con la muerte, ¿qué pasa?

José de Paiva Netto, Director Presidente de la Legión de la Buena Voluntad (LBV), es escritor, periodista, conductor de radio, compositor y poeta brasileño. Además, es miembro efectivo de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI, siglas en portugués) y de la Asociación Brasileña de Prensa Internacional (ABI-Inter, siglas en portugués). Afiliado a la Federación Nacional de los Periodistas (FENAJ, siglas en portugués), a la International Federation of Journalists (IFJ), al Sindicato de Periodistas Profesionales del Estado de Rio de Janeiro, al Sindicato de Escritores de Rio de Janeiro, al Sindicato de los Profesionales de Radio de Rio de Janeiro y a la Unión Brasileña de Compositores (UBC). Integra también la Academia de Letras de Brasil Central. Es un autor de referencia internacional en la defensa de los derechos humanos y en la conceptualización de las causas de la Ciudadanía y de la Espiritualidad Ecuménicas, que, según él, constituyen “la cuna de los más generosos valores que nacen del Alma, la morada de las emociones y del raciocinio iluminado por la intuición, el ambiente que abarca todo lo que trasciende el campo común de la materia y proviene de la sensibilidad humana sublimada, como ejemplo de la Verdad, de la Justicia, de la Misericordia, de la Ética, de la Honestidad, de la Generosidad, del Amor Fraterno”.